Enfrentarse a un diseño o una nueva creación, implica siempre para ese ser creador, que denominamos diseñador, sumergirse en un contexto que no es el propio, sumergirse en otra dimensión, en otro estado, en el lugar de otro, ponerse en los zapatos de otro.
Para no perder dichas costumbre y ahora que se nos pide hablar de estética, entonces tendremos que aclarar algunos términos que pertenecen a nuestro que hacer diario, pero que debemos definir desde la filosofía.
Comencemos así sumergidos en el mundo de las ideas de Platón, que utilizó el término griego "eidos" (figura, forma o aspecto visible), para referirse a la realidad inteligible. Idea, que es en su dimensión ontológica (un objeto real que existe independiente de la realidad sensible y del pensamiento).
¿Esta idea entonces al adquirir sentido, llenarse de contenido y poseer significado se hace concepto?
Si hablamos de conocimiento sensible para referirnos a aquél que se puede obtener a través de los sentidos y la síntesis como la operación por la que reunimos, agregamos, sumamos e integramos realidades o conceptos, entonces tendríamos que empezar a pensar que el aspecto visible de la realidad es una idea, una forma, un punto de vista y la síntesis de esa realidad sería un concepto (una representación abstracta de esa realidad), entendiéndolo de manera tradicional, claro está.
El desarrollo de la filosofía kantiana, nos llevará más lejos en la interpretación de la síntesis, como la superación de las limitaciones de los elementos opuestos, (la tesis y la antítesis) reunidos mediante la síntesis en una realidad o en un nivel conceptual superior. Pasamos entonces de algo más simple a algo más complejo.
Cuando no referimos al término abstracción que, en el sentido filosófico, es una operación mental que consiste en separar una característica de un todo concreto (característica que no puede tener existencia independientemente del todo). Entonces no podemos entender los conceptos por fuera del contexto, como no podemos entendernos entre nosotros por fuera del mismo. Los objetos nos definen y nosotros a ellos, y en este juego infinito nos recreamos y nos definimos, percibimos lo que nos rodea.
Para la psicología contemporánea, la percepción es un proceso constructivo, de carácter selectivo, mediante el que las sensaciones son organizadas en conjuntos dotados de sentido, en el que intervienen tanto los estímulos procedentes del mundo exterior, como las formas o estructuras perceptivas y las motivaciones, expectativas, experiencias previas del sujeto que percibe. Y para la filosofía percepción es: la aprehensión directa de una realidad objetiva, siendo dicha aprehensión algo distinto de la sensación y de la intuición intelectual.
¿Realidad objetiva?, ¿ser objetivo?, ¿será posible?
“Ser objetivo” según los escolásticos venía a significar un contenido del alma, y no una cosa externa a ella, realmente existente. Kant utiliza el término preferentemente en este sentido, al hablar del objeto como el resultado de “pensar” lo dado en la intuición sensible, externa al sujeto.
¿Pensar lo dado en la intuición sensible?
Intuición, del latín “intuitus” (imagen, mirada), término con el que se designa, en general, la percepción directa e inmediata de un objeto y de sus relaciones, por parte del sujeto cognoscente. Para Descartes, por ejemplo, la intuición es la única fuente de evidencia, en la que se ha de fundar el discurso racional, concebido como una serie continuada de intuiciones. Kant, sin embargo, rechazará la intuición intelectual, pero acepta una intuición empírica, (pero que debe ser pensada bajo conceptos para ofrecer algún conocimiento), y una intuición pura, la dimensión formal del conocimiento.
Y entonces... ¿qué nos queda? Una idea romántica, un concepto enlazado por miles de intuiciones, fragmentos de realidad percibida convertidas a conceptos, conceptos abstraídos del contexto y expresados a manera de nuevas realidades, percibidas por otros humanos, humanos que se hacen una idea romántica y...
Y es que esta actividad creativa es definitivamente un asunto de comunicación, y no nos sirve de nada sino cumplimos con el objetivo fundamental, comunicar.
Acaso no es bello todo el proceso, acaso no son estupendas todas las razones calculadas, acaso no son maravillosas todas las intensiones perdidas y encontradas en el proyecto, acaso no son también deliciosas todas las incertidumbres que aun quedan y aun mejor, acaso nos es la pregunta más deseosa de armonía el “y que tal si…”
La canción está sonando y el mundo la sigue disfrutando, siempre el hecho creativo se sumerge en el mundo y el mundo en el hecho creado.
jueves, abril 20, 2006
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